LOS L'ARCHÉOMÈTRE Y AFINES
Antonello Balestrieri
Esta característica es la que le acarreó, y como a él
a varios otros, el título de "parásito de René
Guénon" por parte de la "Rivista di Studi Tradizionali".
Con el título René Guénon et l'Archéomètre,
la editorial Trédaniel presentó en 1996 al público
francés, por primera vez en un volumen, la serie de los doce articulos
que, con el título general de "L'Archéomètre",
fueron originalmente publicados por la revista "La Gnose" desde
1910 hasta 1912, serie por lo demás incompleta a causa de la desaparición
de esta publicación después del número de febrero de
1912. La recopilación trae una extensa introducción y numerosas
notas críticas de su curador, Bruno Happel (o Hapel, ambas transcripciones
aparecen en la presente edición), colaborador habitual de "Vers
la Tradition".
Como nuestros lectores tal vez recuerden (1), una empresa análoga, si bien con objetivos diferentes, había sido llevada a cabo anteriormente en Italia en 1986 por la editorial Atanòr, que por otra parte la había comprometido, amén que con una pésima traducción, presentando los textos integrales agrupados en volumen como atribuibles tout court a René Guénon, haciendo pasar así todo el trabajo como un "inédito" de este autor; como demuestra el título mismo del presente libro, el editor francés, aún evitando el falso garrafal cometido por el italiano, supo, no sin cierta sagacidad, conservarle a la obrita el atractivo editorial del nombre de René Guénon en la portada, ayudado en esto por el carácter impreso a su trabajo por B. Happel, quien se ocupó de hacer, a más de una reedición en volumen (la primera francesa) del Archéomètre desde la época de la "Gnose", una suerte de comentario histórico y a su manera erudito de las vicisitudes de la formulación del texto propiamente dicho, con especial referencia a los temas del mismo que R.Guénon ("animador" -según Happel - del grupo de trabajo que se ocupó del Archéomètre) desarrolló posteriormente en el curso de su obra (2).
Recordamos que L'Archéomètre, desatinadamente traducido en la edición Atanòr como L'Archeometra, dicción que en nuestra opinión presenta el defecto de dar la impresión que se trata de un personaje, o, en el mejor de los casos, de un principio, era en cambio, además del título de una obra póstuma y compuesta del autor francés Alexandre Saint-Yves d'Alveydre (1842-1909), el nombre dado por este último - que lo había sacado a luz y en cierta forma reelaborado - a "un instrumento sintético aplicable a todas las manifestaciones verbales, cuya virtud es la de permitir de referirlas todas a su Principio común, y darse cuenta del lugar que ellas ocupan en la Armonía Universal" (3). O bien, según otro tipo de definición, en cierta modo más ordinaria pero quizá más "práctica", un instrumento "basado en el número doce e indicante las correspondencias de los signos zodiacales con los planetas astrológicos, con los colores, con los números, las formas, las letras de los diferentes alfabetos semíticos y las del célebre alfabeto watan, cuyos caracteres constituirían los verdaderos ideogramas primitivos" (4). Saint-Yves d'Alveydre mismo, que era quien lo había presentado, decía de manera algo sibilina que se trataba de "un instrumento cíclico, o código cosmogónico de los estudios superiores religiosos, cientifícos y artísticos", mientras que del alfabeto watan, de 22 caracteres, decía en una carta: "Lo he obtenido de Brahmanes de alto rango, que nunca me exigieron que lo mantuviera en secreto. Se diferencia de los otros [alfabetos] llamados semíticos por el hecho de que sus letras son morfológicas, o sea que se expresan exactamente a través de sus formas, lo que lo hace del todo único. Además, un estudio cuidadoso me ha permitido descubrir que tales letras son los prototipos de los signos zodiacales y planetarios, hecho que de por sí tiene gran importancia" (5).
A través de estas breves noticias nuestros lectores podrán deducir, para su mejor comprensión, que el título "L'Archéomètre" se aplica por lo tanto a dos cosas bien distintas: una es la obra póstuma de Saint-Yves d'Alveydre (recopilada por terceras manos capitaneadas por Papus), que exponía sintéticamente los criterios seguidos por este último en la reelaboración y confección del instrumento intelectual que lleva el mismo nombre y que está integrado en parte por datos de proveniencia hindú; la otra es, tal como lo recordamos al comienzo, la serie de artículos que la revista "La Gnose", fundada y dirigida por el joven René Guénon (23 años), publicó desde 1910 hasta 1912 (por lo tanto antes y después de la aparición del libro de Saint-Yves) sobre este mismo instrumento. La virtud fundamental de estos artículos es que ellos "explican" los temas contenidos en el escrito póstumo de Saint-Yves - muy frecuentemente a la luz de las doctrinas hindúes - y a la vez desarrollan y aclaran de manera sintética las potencialidades implícitas en el instrumento que él exhumara, de una manera u otra una "clave" cosmológica en la que se hallan relacionados múltiples elementos simbólicos, principalmente lingüísticos y astrológicos, y es indudable que tal virtud "explicativa" fue luego también una de aquellas, fundamentales, que caracterizaron a toda la obra de René Guénon, no importa cual fuese el soporte tradicional - "residual" para Occidente, "viviente" para Oriente - que le brindara la ocasión.
En este sentido podemos decir que, en efecto, detrás de los doce artículos de la "Gnose" sobre el "Archéomètre", cuya inspiración y redacción constituye un enigma que no creemos se pueda llegar a elucidar plenamente, no se puede dejar de percibir la influencia de R. Guénon, aun cuando éste le haya luego comunicado personalmente a Jean Reyor, quien lo consultaba al respecto, que "[su] participación en este trabajo se había limitado a la redacción de algunas notas que se referían a la tradición hindú" (6). Convenimos por ello con Bruno Happel cuando, refiriéndose al trabajo póstumo de Saint-Yves, dice en su "Introducción": "Podría creerse, luego de haber leído esta obra, que la cuestión del Archéomètre develado por Saint-Yves haya nacido en cierta modo muerta y que tal "clave" sea inutilizable. Pero por suerte el Archéomètre no era propiedad exclusiva de este último (¡a pesar de que él había tramitado su registro!) y no podía reducirse a su única amplitud de miras. Se puede justificadamente pensar que aun cuando Saint-Yves hubiese podido redactar personalmente esta obra, el conocimiento del Archéomètre [como instrumento] no habría sido revelado sino muy mediocremente.
Habrá que aguardar a otro autor, cuya potencia de síntesis era realmente "a medida" del Principio, para ver efectivamente develada dicha "clave". Se trató de René Guénon, cuya entera obra constituye una brillante ilustración de lo que el Archéomètre, en sentido etimológico, puede revelar [la cursiva es nuestra]. Los que toman conocimiento de esta obra se vuelven depositarios de esta clave con tal que sean aptos".
Aun cuando tenemos alguna duda que se pueda "llegar a ser depositario de esta "clave" con tal que se tenga la aptitud", y pese a que nos parece algo simplista afirmar que se esté en condiciones de "tomar conocimiento" de la obra de René Guénon en toda su profundidad - y por lo tanto en todas sus implicancias "realizativas", a falta de las cuales aun el conocimiento "teórico" encuentra más o menos rápidamente su plafond -, únicamente a través de una simple lectura de ella (cosa que es contradictoria con esta obra misma), con todo no podemos dejar de asentir al tono general de estas frases, las cuales expresan de cierta manera lo que también nosotros pensamos.
Por otra parte, esta es la razón por la cual, aun considerando apreciable desde un ángulo particular la presente iniciativa de volver a publicar las doce entregas del "Archéomètre" de la "Gnose" en un solo volumen, teniendo justamente presente semejante consideración de fondo pensamos que, después de todo, en comparación con la absoluta claridad de la posterior obra "oficial" de René Guénon, o sea de la que se concretó en los 26 trabajos que actualmente la integran, resulte más perjudicial que útil, ante todo para los nuevos lectores de Guénon (7), este hurgar en los documentos dudosos del pasado. En primer término, las incógnitas de diverso tipo que tales textos contienen son demasiado numerosas como para que sea posible llegar a un resultado único (bastará citar aquí, para justificar lo que estamos diciendo, tanto la incógnita de su verdadero elaborador como la del tipo de participación que en ellos tuvo R.Guénon); en segundo lugar, este tipo de ejercicio huele demasiado a ese "espíritu crítico" de carácter moderno y académico, disolvente por naturaleza, contra el cual Guénon se levantó toda vez que se le presentó la ocasión en el curso de su vida (8); en tercer lugar, aunque no en orden de importancia, y claramente como demostración de la validez de una tal actitud de repulsa en Guénon por semejantes métodos, es altamente improbable que bajo las manifestaciones de este "espíritu crítico" no se esconda el gusanillo de algún partidismo, en más o menos evidente contradicción con la finalidad aparente de los ejercicios mismos, o por lo menos alternativamente con ella, así que sus soportes harán entonces, en parte o del todo, las veces de vehículo destinado a conseguir la real finalidad, que es la que mayormente se desea lograr.
Si se observa con ojo algo avizor como ha sido urdido el "aparato crítico" de este trabajo y se constata como el mismo - sobre todo en la "Introducción" - lleva constantemente el lector a reconsiderar un mismo y único tema polémico, no es difícil comprobar que con el presente libro nos hallamos en este segundo caso. En realidad lo que interesa primariamente a su curador, lejos de ser exclusivamente el "Archéomètre" de la "Gnose" con sus problemas críticos, frecuentemente engañosos, es... el criterio conforme al cual uno de los representantes de los Herederos de René Guénon que se han sucedido en el tiempo ha desempeñado la parte de su trabajo concerniente la recopilación del material inédito dejado a su muerte por este autor; por más que esto pueda resultar casi inverosímil para el lector común, quien conozca un poco los ambientes y la atmósfera donde se elaboran estos "juegos" sabe que no es para nada inverosímil, y obedece a pautas bien precisas que nada tienen que ver con un conocimiento desinteresado, y son el fruto de móviles con referencia a los cuales pasado y presente se acumulan de suerte que resultan muy difícilmente distinguibles.
En los casos de mayor refinamiento tales "juegos" se disimulan más o menos cuidadosamente, de manera de engañar al lector e inducirlo a llegar por sí solo a las conclusiones deseadas (9); bajo este aspecto, aquí nos hallamos en cambio ante una tosquedad evidente, ya que desde la primera y larga nota de la "Introducción" el objetivo incongruo queda prontamente señalado y de aquí en adelante será tan sólo mencionado de tanto en tanto. La nota a la que nos referimos es la siguiente:
"Este texto ["Le Démiurge"] se ha vuelto a publicar en la compilación póstuma, editada por Gallimard, que lleva el muy inoportuno título de Mélanges; Roger Maridort, responsable de esta publicación, sin duda no había leído otro libro póstumo, editado anteriormente por las Éditions Traditionnelles y titulado Études sur l'Hinduisme (pero no se había ocupado él mismo de su compaginación [¡?]) en donde René Guénon, reseñando un número especial de "Cahiers du Sud" que llevaba por titulo Mélanges sur l'Inde escribía: "Este título quizá no es, como tal, muy feliz, pero hay que reconocer que, de hecho, expresa bien el carácter del contenido, el cual efectivamente es muy 'confuso' [mélangé]; por lo demás, es prácticamente inevitable que esto suceda en una revista 'abierta' donde falta una unidad de dirección doctrinal" [pág. 246 de la edición italiana]. ¿La obra de René Guénon carecería, pues, de esta unidad de dirección doctrinal, dado que el Sr. Maridort juzgó oportuno asignar a uno de sus trabajos el título de Mélanges? ¿Tenemos que agradecer a Roger Maridort por este insulto a la memoria de René Guénon?".
Cuando se tropieza con manifestaciones de imbecilidad de semejante envergadura, que incluso parecen haber sido incluidas après coup en un texto por lo demás decoroso, aunque, a nuestro ver, aquejado por un excesivo y casi morboso espíritu de análisis, la reacción natural es la de pensar que no vale siquiera la pena detenerse sobre las extravagantes y ofensivas imputaciones que de allí descienden, aunque más no sea por respeto hacia la inteligencia de los propios lectores; pero una reflexión más madura lleva a recordar que - tal como señalábamos hace poco - en este tipo de cosas, ciertos influjos, de carácter no precisamente elevado, tienen la tendencia a conservar, una vez hallado el soporte idóneo, una deplorable vitalidad. Esta última consideración es la que nos ha movido a decidir que, en cambio, habría sido bueno, al fin y al cabo, recoger lo que tenía todas las apariencias de una provocación declarada; esto habría tenido la virtud de aclarar las cosas y, sobre todo, de obrar en dirección opuesta a la de tales influjos, teniendo en cuenta además que, tal como veremos luego, semejante provocación no es la única en su género por parte del curador del presente libro. En todo caso lo que diremos, y que concierne además la historia clandestina de determinados círculos de personas que aún hoy pueden parecer hallarse - del todo injustamente - en relación con desarrollos congruos de la obra de René Guénon, representará para el lector un ejemplo de la importancia que reviste el planteamiento intelectual correcto que debería derivarse normalmente de esta última y la peligrosidad que pueden asumir posturas equivocadas con respecto a ella.
Sin detenernos siquiera a evidenciar - de la nota en cuestión - la sintaxis y el sarcasmo, ambos muy discutibles (la primera incluso en francés), comenzaremos haciendo notar que las dos circunstancias que Happel compara, identificándolas falazmente bajo la cobertura de una única palabra: Mélanges, en realidad son decididamente diferentes. El mismo René Guénon nos viene en apoyo en este caso, por más marginal que sea: lo que él pensaba al respecto está dicho a las claras justamente al comienzo de la "Introducción" de Aperçus sur l'Initiation, y concierne una circunstancia análoga relativa a la coordinación de una serie de sus escritos, que él mismo llevara a cabo: "Nos ha sido solicitado, de varias partes y en diversas ocasiones, de reunir en un libro los artículos que hemos presentado, en la revista "Études Traditionnelles", sobre cuestiones que se refieren directamente a la iniciación; no nos ha sido posible satisfacer de manera inmediata estos pedidos, porque nosotros consideramos que un libro debe ser algo bien distinto que una simple recolección de artículos [la cursiva es nuestra], y esto tanto más que, en el caso presente, tales artículos, escritos según las circunstancias y a menudo para responder a preguntas que se nos planteaban, no se concatenaban como si fueran los capítulos sucesivos de un libro; hacía falta, pues, revisarlos, completarlos y disponerlos de otro modo, y esto es lo que hemos hecho aquí".
Happel, quien se precipitó a sacar provecho de una observación de Guénon que se le antojaba conveniente para secundar su extraño juego, este elemental principio (a más especificado por el autor que parece tener en tanto precio) no lo ha recordado. Lo que tal vez no podía saber, es que René Guénon tal principio, que de una manera u otra debía revestir para él cierta importancia, lo corroboró privadamente en una carta del 30 de agosto de 1950 (pocos meses, por lo tanto, antes de su muerte) a una persona de su confianza en el ambiente de los "Études Traditionnelles": "La seule chose qui pourrait être à faire ce serait de réunir en un ou en plusieurs volumes (je crois que cela pourrait en former plusieurs) ceux de mes articles que je n'ai pas encore utilisés dans mes livres déjà existants; il y aurait seulement la difficulté de savoir de quelle facon les arranger pour en former des ensembles aussi cohérents que possible". ["Lo único que podría hacerse sería reunir en uno o en varios volumenes (creo que se podrían formar varios) aquellos de mis artículos que todavía no he utilizado en mis libros ya existentes; la única dificuldad sería la de saber de que manera componerlos a fin de formar, con ellos, conjuntos tan coherentes como sea posible"].
Esto fue llevado a cabo por las diferentes personas que se sucedieron en este cometido, cada una de las cuales siguió - al ponerlo en práctica - las disposiciones que eran propias de su mentalidad y de sus convicciones, aunque una contribución general había sido requerida por René Guénon a aquellos que - indicados por él - habrían debido respaldar al primer encargado de esta tarea, Jean Reyor, en la elección de los "temas" y en la "línea" que debía seguir la recopilación. Las vicisitudes a las que se vió sometido este tipo de trabajo no fueron para nada insignificantes, ni es de este asunto que queremos ocuparnos aquí, cosa que estaría, si bien solo parcialmente, como se verá luego, fuera del tema que estamos desarrollando; lo que podrá en cambio interesar en cierta medida al lector actual y que se vincula - según nuestro ver - con la particular actitud del curador de René Guénon et l'Archeomètre, es el resultado de tal trabajo, que está ahora a la vista de todos. Las recopilaciones póstumas derivantes fueron nueve (confirmando así las previsiones que René Guénon hacía en 1950), y son las siguientes, de las que señalaremos asimismo el curador:
A cargo de
Jean Reyor:
Initiation et Réalisation spirituelle (1952).
Aperçus sur l'ésotérisme chrétien (1954).
A cargo de
Michel Vâlsan:
Symboles fondamentaux de la Science sacrée (1962).
A cargo de
Roger Maridort:
Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage (1964).
Études sur l'Hindouisme (1966).
Formes traditionnelles et Cycles cosmiques (1970).
Comptes Rendus (1973).
Aperçus sur l'ésotérisme islamique et le Taoisme (1973).
Mélanges (1976).
Tal como se puede apreciar en esta lista, la última fue precisamente Mélanges, de la que es cuestión en la nota de B. Happel, y ella contiene cuanto de los escritos de René Guénon aún no publicados en volumen no había podido ser incluido en las anteriores compilaciones a causa de los temas característicos de cada una de ellas. Los artículos o ensayos que ahora la integran implicaban los argumentos más variados, y abarcaban un período de tiempo de casi cinco decenios; esto es lo que significa, a propósito de su reunión, la palabra Mélanges elegida como título, y ella se encuentra, por lo tanto, en perfecta conformidad con las disposiciones dadas por R.Guénon antes de morir, y no tiene nada que ver con la unidad doctrinal de los mismos escritos que contiene el libro, la cual está completamente fuera de discusión. Por lo demás, esto es lo que dice expresamente su curador, Roger Maridort, en el breve prólogo puesto a introducción del libro, prólogo que Bruno Happel no tuvo en cuenta en lo más mínimo, lo que vuelve su posición de hostilidad respecto al curador de Mélanges perfectamente pasible de la acusación de mala fe. Para que el lector pueda juzgar por su propia cuenta, transcribiremos aquí los párrafos iniciales del prólogo en cuestión: "Para permitir su accesibilidad en un libro, evitando así a los lectores búsquedas en números de revistas ya agotados hace tiempo (10), hemos reunido con el título de Mélanges un cierto número de artículos de René Guénon y de Palingénius, su seudónimo de la época de la "Gnose", revista por él fundada en 1909. Hemos dividido el conjunto de estos artículos en tres partes: Metafísica y Cosmología - Ciencias y Artes tradicionales - A propósito de algunos errores modernos. Desde el capítulo I de la Primera Parte, "El Demiurgo", que, si no nos equivocamos, es el primer texto que publicó, en 1909 a la edad de 23 años, hasta la "Ciencia profana frente a las doctrinas tradicionales", de abril-mayo 1950, transcurrieron más de cuarenta años. En este intervalo de casi medio siglo no se puede decir que las posiciones intelectuales de Guénon hayan cambiado mucho, sobre todo en lo que concierne a las críticas contra el mundo moderno.
Desde la perspectiva de la exposición teórica de la Doctrina tradicional, es probable que él hubiese presentado "El Demiurgo" de otra manera, al menos sobre ciertos puntos, pero sin cambiar nada del significado profundo, puesto que su punto de vista metafísico permaneció siempre invariable".
Puesta así en evidencia la insensatez del contenido de la nota I del libro de Happel (si es que se puede hablar de "contenido" en un caso semejante), nos ocuparemos de los motivos que han podido generar la causticidad que ella sin duda alguna demuestra; motivos de los que, tal como hemos dicho anteriormente, pensamos haber encontrado un vestigio en otro escrito del mismo autor, aparecido en el n° 62 (diciembre 1995, enero-febrero 1996) de la revista francesa "Vers la Tradition". En este artículo, asimismo en cierto modo interesante, al igual que el libro que hemos considerado hasta ahora, Happel bosqueja sintéticamente los elementos de lo que fue (y es) la relación, entre la obra de "René Guénon y las doctrinas hindúes", y para ello se vale, extensiva e inteligentemente, de una reseña de R. Guénon, escrita para la "Revue de philosophie", número de marzo-abril 1922, sobre un trabajo del Rev. P. Wallace titulado "De l'Evangélisme au Catholicisme par la route des Indes", y sobre todo de un largo post-scriptum de Guénon a su artículo "A propos du poisson", publicado en febrero de 1927 por la revista "Regnabit", en el que se trata nuevamente del libro de Wallace. Es justamente a propósito de este último pasaje de Guénon que Happel introduce otra nota que a nuestro ver deja traslucir mejor las verdaderas razones de su animosidad hacia el curador de Mélanges: "Señalamos que este texto se halla en la introducción redactada por M. Vâlsan para la recopilación póstuma de artículos de René Guénon titulada Symboles fondamentaux de la Science sacrée. Los nuevos lectores de René Guénon descubren hoy día una recopilación póstuma donde los mismos símbolos ya no son más fundamentales,¡sin duda porque quien la había reunido y presentado ya no se encuentra mencionado y su trabajo tampoco aparece!" [la cursiva es nuestra].
Dado que estos cambios, que de hecho se produjeron, fueron llevados a cabo en un período en el que, como se puede constatar fácilmente observando la lista que presentamos de las recopilaciones y los tiempos sucesivos de publicación de las obras póstumas de Guénon, a ocuparse de estas últimas era el mismo que en fin coordinó más tarde también Mélanges, es razonable suponer que se le atribuya a él la responsabilidad de las eventuales modificaciones en las compilaciones precedentes (de hecho, la sola modificación efectuada fue ésta). Sea lo que fuere de esta cuestión, que debería interesar únicamente a los Herederos de René Guénon y a aquéllos que con el tiempo gozaron de su confianza, veamos si existen, accesibles para todos, otros elementos por los que se puedan - incluso ante esos "nuevos lectores de René Guénon" que parecen interesarle tanto a Bruno Happel - justificar los cambios que él tanto desaprobara en la nota de "Vers la Tradition": para nosotros existen, y están constituídos por un pasaje de René Guénon que ya citamos en otra ocasión (11) y por algunos fragmentos de la "Introducción" y del "Anexo III" de la recopilación a cargo de Michel Vâlsan, que llevó el título de Symboles fondamentaux de la Science sacrée (ahora, simplemente, Symboles de la Science sacrée).
El pasaje de René Guénon al que nos estamos refiriendo es el párrafo conclusivo del capítulo XXI de Iniciación y Realización espiritual, "Verdaderos y falsos instructores espirituales", pág. 138 de la edición italiana; y dice así: "Los celos y las rivalidades individuales, de hecho, no pueden tener ningún lugar en el verdadero ámbito iniciático, mientras que, por el contrario, ocupan siempre uno grandísimo en el modo de obrar de los falsos instructores [espirituales]: y son únicamente estos últimos los que deben ser combatidos, cada vez que las circunstancias lo exijan, no sólo por los Maestros espirituales auténticos, sino también por todos aquellos que tengan en alguna medida conciencia de lo que es realmente la iniciación" [la cursiva es nuestra].
Los pasajes de Michel Vâlsan a los que queremos referirnos se presentaban en cambio de esta manera: (del "Annexe III") "C'est à propos du symbolisme numéral de certains noms et termes arabes que la correspondance de R..Guénon avec nous évoque le point laissé en suspens à la fin de son étude sur la "Montagne et la Caverne". [...] Les circonstances ne nous ont pas permis à l'époque de faire autre chose que de le remercier pour cette importante communication, de sorte que nous n'avons pas à citer de sa part quelques appréciations sur les constatations que nous pouvions faire à ce propos, ni d'autres considérations qu'il n'aurait pas manqué d'ajouter lui-même à l'occasion [¿!]".
["Es a propósito del simbolismo numérico de ciertos nombres y términos árabes que la correspondencia que nos destinara R. Guénon menciona el punto dejado pendiente al final de su estudio sobre "La Montaña y la Caverna". [...] Las circunstancias no nos permitieron hacer en ese entonces otra cosa que agradecerle por tan importante comunicación, de modo que no podemos citar, [proveniente] de su parte, alguna apreciación sobre las constataciones que habríamos podido hacer a propósito de eso, ni otras consideraciones que seguramente no habría dejado de agregar él mismo en la ocasión [¿!]"] [la cursiva es nuestra].
(de la "Introduction") "De plus, les thèmes symboliques qui dominent cet ensemble, aussi bien que les sujets particuliers qui foisonnent dans le texte principal ou dans les notes, prennent des dimensions nouvelles dans l'ordre des significations, car le cadre général dans lequel ils ont trouvé leur place engage, en quelque sorte, les symboles mentionnés à des rapports réciproques nouveaux, qui peuvent être révélateurs d'aspects et de fonctions non exprimés encore;" [...] "Il se produira ainsi du côté du lecteur des choses comparables à celles qui se sont produites couramment du côté de l'auteur [¡?], à savoir qu'une donnée symbolique quelconque, secondaire au point de départ, se trouvera subitement éclairée d'un jour nouveau, dégagée et rehaussée, en sorte que finalement elle pourra atteindre les significations les plus élevées[!!!]".
["Además, los temas simbólicos que dominan este conjunto [esto es, el de los artículos en cuestión, recopilados en el volumen de Symboles], lo mismo que los argumentos particulares que abundan en el texto principal o en las notas, cobran nuevos alcances en el orden de los significados, ya que el marco general en el que han sido colocados lleva, en cierto modo, a los símbolos mencionados a relaciones recíprocas nuevas, que pueden ser reveladoras de aspectos y funciones no expresadas todavía;" [..] "Se producirán así, del lado del lector cosas comparables a las que se produjeron corrientemente del lado del autor [¡?], a saber, que un dato simbólico cualquiera, secundario al comienzo, se presentará de repente iluminado por una nueva luz, dilucidado y puesto de relieve, de modo que finalmente podrá alcanzar sus significados más elevados [¡?]"] [la cursiva es nuestra].
No pensamos que haga falta agregar datos más "técnicos" a estos pasajes para mostrar como con la prosa de los mismos nos encontramos en el caso ilustrado por el paso precedente de Guénon. Nos limitaremos solamente a decir esto: pese a que no estamos dispuestos a sostener que no se pueda dar el caso de alguien que pretenda comprender los argumentos - simbólicos o no - contenidos en la obra de Guénon, mejor que su propio autor, tenemos que reconocer con todo que, por lo que nos atañe, ante alguien que hubiese tenido una semejante ínfula, habríamos pensado como mínimo que sufriera de megalomanía. Comprendemos, por lo tanto, perfectamente - a diferencia de Bruno Happel - que quien tenía la competencia se haya apresurado a separar el nombre de René Guénon de aquél de un semejante ordenador de sus escritos.
Después
de cuanto hemos dicho, cuya rememoración ha sido imprudentemente
suscitada solamente por la impertinencia con la que alguien, sea por mala
fe sea por simple ignorancia de los hechos, quiso juzgar a troche y moche
de argumentos en los que era largamente incompetente, nos parecen suficientemente
esclarecidas - al menos para quien sepa distinguir, aunque más no
sea vagamente, entre cuestiones concernientes a la iniciación y vanas
ínfulas "literarias" - las razones por las que Mélanges
tiene este título y aquéllas otras que han llevado a la supresión
de toda huella de la labor del precedente ordenador de la compilación
que ahora lleva por título Símbolos de la Ciencia sagrada;
y esto, que quiera o que no quiera Bruno Happel (o Hapel), exime a Roger
Maridort de todas las imputaciones calumniosas que él quiso achacarle,
directa o indirectamente. Para terminar, advertiremos al curador de René
Guénon et l'Archéomètre (y a aquéllos en cuyo
nombre eventualmente él hable) que las consideraciones, incluso aquellas
"históricas", que constituyeron la materia de nuestro escrito
no son las únicas que sería posible enunciar al respecto;
muchas otras podrían ser enumeradas, en relación a los faits
et gestes de la nutrida serie de sucesores que según parece ha dejado
por el mundo el personaje a quien se debían el "Annexe III"
y la "Introduction" de que aquí hemos tratado, personaje
que no desdeñó, andando el tiempo, que fuera dicho públicamente
que había sido "discípulo" y "continuador"
de René Guénon, por motivos que solo pueden calificarse como
"personales" (12). Y de todas estas consideraciones, los prevenimos,
el archivo de nuestra "Revista" está en condiciones de
producir la necesaria documentación.